Hace ya tiempo que las batallas no se libran en campo abierto. Hoy se zanjan en la trastienda; no son, aparentemente, tan cruentas como antaño, donde la sangre corría hasta llegar al río. Hoy lo que brota a borbotones son los números en rojos, tan letales como el uranio enriquecido, que no huele, no se ve, pero mata que da gusto.

No hace falta invadir un país con la infantería para subyugarlo. Con un buen destacamento de economistas sin escrúpulos es más que suficiente para desmembrar una nación; ya no hacen falta bombas basta con unos préstamos.

La misma estrategia que se utilizó para arruinar a África o Sudamérica, ahora se está usando para acabar con algunos países europeos como Grecia, Irlanda, Portugal, España… El método es muy sencillo: Te presto dinero, más del que necesites, más del que me puedas devolver y los intereses harán el resto. Te irán ahogando poco a poco, pero claro está, para ello hace falta la fiel complicidad del incompetente gobernarte de turno, que con tal administrar y escamotear el dinero prestado, él y los de su camarilla reparten dividendos y comisiones mientras dirigen la sangría del país. Lo gracioso del caso es que un truco tan viejo como la civilización siga surtiendo efecto. Primero lo hicieron con las familias, con las empresas, y visto que la gente seguía tragando decidieron hacerlo con el país entero, y el país ha engullido el caramelo envenenado.

De aquí a un tiempo los benévolos verdugos nos condonaran la mitad de la deuda, sabedores que en poco tiempo los intereses seguirán estrangulándonos, haciéndonos caer a un pozo sin fin. Cuando el prestatario –los bancos españoles- no pague irán a por los avalistas y los avalistas somos todos nosotros. Así pues, dentro de poco seremos como esos países con presidentes bananeros que vestidos de salvadores de la patria arruinaron a su país sin el menor remordimiento.

 

 

Un comentario en “¿Por qué dicen “rescate” cuando en realidad es un “remate”?”

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