Esta ligera sopa es muy indicada para gente convaleciente y de estómagos estropeaos. Al no tener ninguna grasa, ni sal, ni otros condimentos la hace tan liviana que después de tomarse un cangilón de sopa, uno puede irse a comer tranquílamente todo lo que quiera, pues no dirás que emboza las tripas, todo lo contrario, por donde pasa va abriendo hueco. Su fácil preparación la hace indicada para gente muy ocupada que no tiene tiempo de cocinar por pasar mucho rato en el bar.

Ingredientes:
Una liebre.
Agua.

Preparación:
Se coge la liebre y se despelleja, ya que de lo contrario puede llenarse la sopa de mechones, lo cual afea la presentación, pudiendo incluso llenar de pelos la lengua del más descarao. Una vez aviá la liebre, se mete en un pozal con agua del pozo, si no se tiene del pozo se puede poner agua corriente, teniendo la precaución de hacerlo antes de última hora, que es cuando le echan el cloro, ya que sacaría demasiao gusto a piscina. La liebre se deja unos cinco segundos en el pozal, a fin de que no se quede muy aguachá, y seguidamente la libre se esconde. El caldo resultante ya está listo para ser servido.

Podrán comprobar que es una sopa muy digestiva, fina y ligera que no hace bola al masticarla, ni saca hebras. Como habrán adivinado se llama sopa de liebre al escondite, por que, por más que le demos vueltas al caldo y pongamos cara de podenco, no encontraremos ni rastro de la liebre. Tendremos la precaución de guardar la liebre en un lugar ande nadie la pueda encontrar, como por ejemplo detrás de la foto de la comunión, allí nunca mira nadie.

Si queremos disfrutar la sopa y que nos dure más se puede tomar con un tenedor.