Cada vez hay más motivos para salir a manifestarse en defensa de los derechos que nunca nos regalaron, conseguidos de generación en generación, con mucho sudor y algunas veces con no poca sangre, los cuales ahora nos están arrebatando, ante nuestras narices, de un plumazo. A nadie se le escapa que todas las manifestaciones que hasta ahora han sido pacíficas pueden dejar de serlo, y de tanto ir el cántaro a la fuente acabe rompiéndose.

No debemos olvidar que cuando uno revindica lo que cree justo, y sus demandas no son escuchadas, suele dejar la palabra para pasar a la acción. Esto es algo que nuestros gobernantes deberían saber y calibrar en su justa medida. La llama está encendida. Hoy más que nunca han de ser bomberos y no pirómanos, al igual que los propios manifestantes son los primeros interesados en impedir cualquier conato de incendio, que a la postre acabe reventando, intoxicando y deslegitimando sus demandas, ya que de lo contrario se terminaría consiguiendo todo lo contrario de lo pretendido.

Es curioso que el gobierno se queje de que hay muchas manifestaciones y realmente no se pregunte que está haciendo él para que esto no sea así. La gente no sale a la calle por placer o por divertimento, como muchos medios de comunicación quieren hacernos creer; se ve obligada por la paupérrima y bochornosa gestión de nuestros dirigentes, tanto pasados como presentes, los cuales nos encarrilan por el camino que hace tiempo les han trazado, eso sí ellos a caballo y nosotros descalzos. Los gobernantes hartos de tantas manifestaciones que les desacredita día a día, seguramente contratacaran siendo su respuesta cada vez más contundente; están deseando y esperando que los manifestantes pierdan las composturas para legitimar el uso de la fuerza, mejor dicho de la violencia. No debemos darles el gusto de responder a la provocación. Si no utilizamos la violencia ellos no están moralmente autorizados para usarla.

Lo que no se nos puede olvidar es que cuando uno se enfrenta a un adversario debe medir muy bien cuales son sus fuerzas; no puede enfrentarse contra un rottweiler con las manos desnudas, la contienda sería desigual; debemos utilizar la inteligencia para equilibrar la balanza, ya que si la violencia engendra violencia bien sabemos quien acaba llevándose los palos. Es por ello que debemos estar preparados y defendernos sin utilizarla.

Una de las soluciones sería asistir a las manifestaciones llevando como escudos contra sus porras nuestros móviles. Ir grabando todo lo que ocurre, que ellos mismos, en frío, y todo el mundo vea su proceder. ¿Os imagináis la cara de la policía al ver que miles y miles de móviles les están grabando? Nuestros móviles serán nuestras armas y mientras nosotros utilizamos móviles con tecnología del siglo XXI ellos con sus porras siguen empleando armas prehistoricas.

Con las imágenes nosotros despertamos conciencias, ellos con sus palos lo único que hacen es destrozarlas.

¡¡¡¡ Haz de tu móvil tu escudo !!!!!

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