En algún paraíso fiscal debe haber unos cuantos que aún no acaban de creerse el negocio que han hecho y más al pensar cómo ha podido caer tanta gente en su engaño.

Al parecer los timos ni son caducos, ni pasan de moda, primero porque son algo muy lucrativo, y segundo porque los estafados se van renovando. Lo cierto es que parece mentira cómo siguen siendo tan eficaces, esta vez los timadores han tenido unos buenos colaboradores, muchos de los cuales han terminado por su propia avaricia sucumbiendo al timo para el cual estaban trabajando.

Es hora de reconocer que la crisis que estamos viviendo está basada en un viejo timo, al que nadie puso freno, aun sabiendo que íbamos derechos al abismo.

Todo esto se entenderá mucho más con el siguiente texto que nos ha remitido, desde La Palma, nuestro amigo Rodri. Echadle un vistazo y sacad vuestra propia moraleja:

Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis de una forma sencilla, para que la gente de a pie entienda sus causas. Este fue su relato:

“Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos. Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros. Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca. Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.”

Resultado: La aldea quedó llena de burros y endeudados. Hasta aquí lo que contó el asesor.

Veamos lo que pasó después: Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo. Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando al Ayuntamiento, ni a nadie más y se arruinaría todo el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.

El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado. Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado: Los listos del principio, forrados. Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado.

Un comentario en “Nuevos timos, nuevos estafados”

  1. maribel Dice :

    perfectamente explicada la situacion actual

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