Por Celín Cebrián

Antes de empezar, me gustaría decir que sería fantástico que entre todos aquellos que quieran y puedan, pues reuniéramos un poco de dinero (uno pone, por ejemplo, cinco euros, otro diez…, lo que sea o lo que cada uno buenamente pueda) y que antes de la Feria pudiera estar de una vez por todas publicado El Bienhablao. Y que en cada casa de nuestro pueblo hubiera un ejemplar gratuito para que nosotros y las nuevas generaciones supieran cuál fue y es nuestra forma de hablar, ese dialecto tan peculiar, y que tanto nos define. Dicho queda. La lengua no se impone, se mama.

Mi chico el pequeño, siempre que le vamos a dar de cenar, refunfuña porque no quiere que le pongamos el babatel. Y tampoco que le limpiemos el morro con la arpillera. Un día de estos le voy a meter un cernío… Y como se pone tan jodón… Saca un genio… Y ya le puedes echar la repalandoria… No hace caso. Y como diga que no…Con lo pequeño que es y tiene unos güevos.. En una de esas, mi Brígida le estaba dando una papilla y el guacho que no tragaba… Entonces, mi mujer le dio un toste y se le fue tó por el gasnate… Y le entró la tos… No habían pasado ni dos segundos y la criatura gomitó lo poco que había comió… Y tengo una pesombre… Es un dengue pa tó… Sin embargo, su hermanico, su chache, como dice el crío, come atometer y, después de tres platos, se queda comosiná… Tiene un saque.. Ése me arruina… Y con tanta pagamenta como tenemos y lo carismo que está tó…, no voy a sacar ni pa darles de comer a la familia. Que si la contribución, el butano, el agua, la compra, las medecinas… Estos que mandan, los del Gobierno, se creen que namáscale… A eso los llevaba yo dos días seguidos con el ganao… ¡Me cagüenlá…! ¡Qué habremos hecho los pobres pa merecer tanto castigo!
Y por si fuera poco, el abuelo, que está que ni pué moverse con larreuma… Toma más de veinte pastillas diarias. Eso sí sus tragos de morapio en el barral no hay un dios que se los quite. Yo creo que el día que deje el fumete y de echarse tragos, ese día va y las palma. Y en cuanto me descuido una miaja, ya le está dando toa la calderilla que lleva suelta al chico pequeño para que se compre una bolsa de carambelos. Y un cachumbo de patatas fritas… Claro y luego ni come ni cena… Y si le digo algo al abuelo, así, por lo bajini, me echa todos los sapirujos que tiene en la boca. Le sale hasta saliva o espuma por la comisura de los labios. Y cuando no es pa carambelos, le da a los nietos perras para fuchina, ya que los chiquillos quieren pintar unas espadas de madera. Total, que los tiene engatusaos, y no hago carrera con ellos. Y le digo: -“padre, quiere usted hacer el favorcico de no darle perras a los guachos…”. Y si fuera pa algo de fuste… Pero pa cuatro cosas de chichinabo… Ya me dirás… Y de ver que no me hace caso, me entra un azogue… y un encorajinamiento… No será quesque… A nosotros nos da ni un duro… Tó lo guarda… Y cada dos por tres, ya está yendo al banco a ver cuánto tiene… El día que se muera, le voy a echar tós los cuartos en el ataul. Y el barral, también.
A nosotros, gracias a Dios, no es que nos falte de ná… A nuestro chano chano, pues vamos tirando. Pero que no somos mu gastaeros… Fíjense cómo será la cosa que mi Brígida aún tié la costumbre, cuando mata un conejo, de tirar la piel contra la paer del corral pa que se seque por si pasara algún hombre (como antaño pasaban los de Abengibre) y luego cambiar las pieles por cajas de mistos. Mi mujer es de las que ya no quedan… Es tan trabajaera… Y modosa… Se pone a hacer las cosas de la casa y en menos de un periquete, ya tiene la cocina más limpia que los chorrillos, y las camas hechas… Virivinir y ya ha terminao… Y después con los gallinos, tos los animales bien arreglaos… Menuda suerte tuve yo al casarme con la Brígida… Mira que si me llego a casar con la Guillerma, la primera novia… Con lo feisma que era… Tenía hasta bigote.. Y siempre estaba helá… No había día que no saliésemos de paseo y no se echara un echarpe (hay un dicho que dice que cuando una mujer joven está helá, es que está preñá). Pero mi Brígida tiene un color de cara… Y una salú… Y la dentadura mejor que mi mula, que ya es decir. Mi mula se llama España… La compré en una feria a unos tratantes… Y no me equivoqué. Me ha salió… Le meto al carro más de mil kilos de uva bien pisá y lo saca del majuelo con un brío… Sin embargo, el burro que llevo con el ganao, Frascuelo (le puse como al torero), es más gandul… Y en cuanto se pone en celo, se tira unos cuescos… Pero uno le coge tanto cariño a los animales como a las personas. Yo diría que más… ¿Qué haría yo sin mi burro? ¿Con quién hablaría por las mañanas? Y como no me gusta la arradio ni ná.. Pues es una buena compaña.
Bueno, voy a ver si le echo un poco de piedra de sal al ganao, le doy agua a la mula y al burro y les echo cebá y un poco de geja, y me vengo pa la casa aprisica, porque al guacho mío, al pequeño, esta noche le meto yo la sopa de estrellitas aunque sea con un embudo. Me tié… Perdonen ustedes la expresión, pero cuando uno está tan encorajinao… Que cenen bien y hagan la digestión. Y no se vayan de picos pardos que mañana hay que estar tempranismo en el tajo. Hasta la próxima.

 

(celincebrian.blogspot.com)

Aquí os dejo también un par de libros de Celín:

Trozos / Trazos por Celín Cebrián

Viñetas Cloaquenses por Celín Cebrián

 

Un comentario en “OTRA HISTORIA CON NUESTRAS PALABRAS”

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