Este exquisito bocado, al igual que los tobillos de tordo fileteados, es de difícil digestión, pero tan apetecible que es imposible resistirse a no volver a degustarlo.
Su alto contenido en proteínas y vitaminas A, B, C y J, le dejan a uno el cuerpo con ánimo para irse al baile pa toa la noche. Solo hay que advertir que al estar flambeadas con nicoplás esto puede dar positivo en los controles antidoping a deportistas o gente de mal vivir, e incluso en el de alcoholemia de la benemérita, por lo tanto se recomienda más que no comerlo, dejar de conducir y hacer el mínimo deporte posible, excepto los ciclistas que pueden tomar tanto como quieran, total para como le van a salir los análisis.

Ingredientes:
Un par de bobanillas de ardacho.
Medía arroba de nicoplás.
Azúcar y algo de sal para quitar el dulzor.
Clavo.
Nuez moscada.

Preparación:
Se busca un ejemplar de ardacho, a ser posible que este en la edad del pavo, ya que estos suelen estar más apalominaos y son mas fáciles de cazar. Es conveniente que el ardacho que cojamos no este manco, que es lo más fácil, ya que de lo contrario tendríamos que pillar otro, lo cual es un trastorno si tenemos prisa. Una vez tengamos el ardacho se saca el hacha y se cortan las bobanillas; las manos hay quien se las guarda para hacerse unos pendientes; al ardacho se le puede echar una miaja de cromel en los muñones y dejar en libertad, lo cual siempre reconforta y afianza nuestro compromiso con la naturaleza. Hay gente que prefiere cortar las bobanillas con el motosierra, lo cual aparentemente puede parecer más cómodo, pero tiene el inconveniente de llegar a sacar gusto a humo del motor, dando un sabor no deseado al plato. Las bobanillas se lavan bien, durante una hora y media más o menos, tiempo que podemos aprovechar para ir a por tabaco, echar un vino, un tercio si eres legionario, o un quinto si sólo eres soldao. Tras esto se meterán en un lebrillo lleno de nicoplás y acto seguido con el chisque le daremos fuego para que empiece a flambearse, con cuidao de no acercarnos mucho, no sea la tentación de que se nos socarre el flequillo, las cejas y las pestañas, cosa que ha ocurrido más de una vez. Cuando está en to lo suyo se echará un poco de nuez moscada, de no tener nuez moscada se puede echar nuez tabanera, algo más picante y fuerte de sabor. Con una cuchara, que no sea de plástico, ya que lo mas fácil es que se nos regale, se prueba el líquido que flambea y si vemos que está desabrio se echan dos pares de buenos puñaos de azúcar, con la precaución de preguntar si hay algún diabético entre los comensales, si éste es el caso en vez de dos pares de puñaos, se echan únicamente uno y medio. Se vuelve a catar y si está muy dulzarrón se va echando sal hasta que nos recuerde su sabor a las tortas de sardinas más que a los rolletes bañaos. Mientras se flambean las bobanillas se puede recitar con voz carajillera, a modo de conjuro, la hipnótica frase: “Ardacho, ardacho, que beba cuanto pueda sin llegar al empacho”. Así una y otra vez hasta que nos hartemos o alguien nos pida, por favor, que nos callemos. Acto seguido se añadirá un poco de clavo, de no tener clavo se pueden echar dos cáncamos. Cuando deje de flambear querrá decir que ya está en su punto para ser degustado.

Se dice que quien prueba las bobanillas de ardacho flambeadas al nicoplás no tarda en repetir, por lo cual es aconsejable no dársela a los guachos cuando están haciendo los exámenes finales, no sea que repitan hasta el curso.

2 comentarios en “Bobanillas de Ardacho Flambeadas al Nicoplás”

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