Hace un par de semanas pasó por Albacete La Cabra Mecánica con su gira de despedida junto a “Fito y  Fitipaldis”, y allí estuvimos con Lichis, Fernando Polaino y compañía disfrutando con su potente directo. Lichis, ahora Miguelito, tuvo el detalle de firmarnos para “El Bienhablao”. Parece que no es tan fácil acabar con La Cabra, ya que en Septiembre vuelven otra vez a la carretera. Esperemos que como Miguelito, Lichis siga destilando esas magníficas letras que tanto nos han emocionado, cautivado, excitado e iluminado, al igual que lo hace la luna llena en mitad de la noche.

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Este verano me parece que vamos a pasar de un día para otro del traje del baño al chambergo y de las gafas de sol al paraguas; si hace unas semanas buscábamos el sol, ahora serán las sombras las que empiecen a cotizarse. Gracias al cambio climático, sin salir de La Manchuela, se puede disfrutar desde crudos inviernos nórdicos a abrasadores veranos saharianos, o  en plena primavera tener días veraniegos, otoñales… según se tercie.

El campo, en cuestión de días, ha cambiado del verde al amarillo pajizo. Algunos trigales parecían haber sido plantados de ababoles, y los únicos que siguen erguidos bajo el sol son los cardos, algunos de ellos ya  tienen un par de metros de envergadura. A este paso deberemos ir pensando en ir replantando en estas tierras cactus y  palmeras… Tiempo al tiempo.

Paisaje La Machuela

Hay cosas que nacen con un buen fin, pero con el paso del tiempo van degenerando y corrompiendo todo lo que tocan. Uno de estos ejemplos es La Bolsa, convertida en un casino donde los que más tienen más pueden ganar, ya que saben de antemano las cartas que van a salir; no se puede ganar tanto en tan poco tiempo. Antes era capaz de arruinar una empresa solvente y enriquecer a otra que no vendía más que humo, pero la avaricia no tiene límites, y si al principio sólo afectaba a entidades mercantiles, ahora puede demoler países enteros. La crisis sigue galopando a sus anchas por el mundo; continúan asustándonos con las caídas de La Bolsa, nos cuentan que se están perdiendo millones y millones de euros de un día para otro, pero si alguien los pierde…. alguien los ganará.

¿Cuándo sabremos dónde van a parar todos esos millones de euros?

Es hora de que caigan las máscaras, dejar de culpar a compañías, corporaciones, instituciones y a los mercenarios que trabajan para el capitalismo más radical, debemos saber quién se esconde tras ellos, pongamos caras y nombres propios a los especuladores; que se sepa quién es quién en esta tragicomedia en la que estamos envueltos.

Cuando empezó la crisis se habló de reformar el sistema capitalista, de acabar con los paraísos fiscales, de hacer un control más estricto a la banca, pero la clase política ha vuelto a perder la batalla contra las grandes entidades financieras, retractandose en sus pretensiones, bajando la cabeza y proponiendo recortes a todos menos a ellas. Una vez más se ha demostrado quién lleva las riendas del mundo.

Nuestros gobernantes sólo se han atrevido a apretar las tuercas, como siempre, a los más débiles; mientras tanto los poderosos siguen haciendo caja.

Ya veremos  cómo acaba el cuento, pero para mí que el lobo esta vez se comerá a la abuela, a caperucita  y a todos los animales del bosque, ya que el cazador hace tiempo que trabaja para él.

En algún paraíso fiscal debe haber unos cuantos que aún no acaban de creerse el negocio que han hecho y más al pensar cómo ha podido caer tanta gente en su engaño.

Al parecer los timos ni son caducos, ni pasan de moda, primero porque son algo muy lucrativo, y segundo porque los estafados se van renovando. Lo cierto es que parece mentira cómo siguen siendo tan eficaces, esta vez los timadores han tenido unos buenos colaboradores, muchos de los cuales han terminado por su propia avaricia sucumbiendo al timo para el cual estaban trabajando.

Es hora de reconocer que la crisis que estamos viviendo está basada en un viejo timo, al que nadie puso freno, aun sabiendo que íbamos derechos al abismo.

Todo esto se entenderá mucho más con el siguiente texto que nos ha remitido, desde La Palma, nuestro amigo Rodri. Echadle un vistazo y sacad vuestra propia moraleja:

Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis de una forma sencilla, para que la gente de a pie entienda sus causas. Este fue su relato:

“Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos. Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros. Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.

Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca. Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.”

Resultado: La aldea quedó llena de burros y endeudados. Hasta aquí lo que contó el asesor.

Veamos lo que pasó después: Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo. Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando al Ayuntamiento, ni a nadie más y se arruinaría todo el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.

El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado. Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado: Los listos del principio, forrados. Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado.